

*En el Foro Nacional de Economía Circular 2026 de la UdeC, la especialista explicó los retos para transformar la producción y el consumo, así como la importancia de involucrar a empresas, gobiernos y sociedad
La economía circular exige transformar la manera en que se diseñan, producen y consumen los bienes para prevenir los residuos, mantener los materiales en uso y favorecer la regeneración de la naturaleza, señaló Miriam Macías Solís durante su conferencia plenaria en la apertura del Foro Nacional de Economía Circular 2026 de la Universidad de Colima.
La especialista explicó que este modelo económico puede contribuir a atender simultáneamente el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación, tres crisis que se refuerzan entre sí. Por ello, dijo que su alcance debe comprenderse más allá del reciclaje y de las acciones realizadas cuando un producto ya fue desechado.
“La economía circular no va de manejar residuos; la economía circular lo que se propone es eliminar los residuos, que no existan más”, expresó al destacar que la prevención debe comenzar desde el diseño de los productos y sus procesos de fabricación.
Macías Solís, directora para México y América Latina del Centro de Estrategias Sostenibles y Economía Circular y del Centro Mexicano de Ecología Industrial, participó en el encuentro organizado por el Voluntariado y el Centro Universitario de Gestión Ambiental, a través del Sistema Institucional de Gestión Ambiental (SIGA).
Inaugurado el miércoles 30 de septiembre en el Teatro Universitario “Coronel Pedro Torres Ortiz”, el foro reunió, en modalidades presencial y virtual, a especialistas, universidades, gobiernos, empresas y sociedad civil para compartir experiencias sobre aprovechamiento de recursos, acción climática y desarrollo territorial sostenible.
Con más de 20 años de experiencia en cambio climático y sostenibilidad, la conferencista reconoció el interés de las universidades y los estados por impulsar esta transformación. Señaló que pocas veces había observado que un tema adquiriera relevancia con tanta rapidez, lo que consideró una oportunidad para acelerar cambios necesarios.
En su exposición, “Transformar la economía para alcanzar compromisos internacionales sobre cambio climático, biodiversidad y control de contaminación”, explicó que el modelo económico lineal sigue una secuencia de extracción, transformación, consumo y desecho que presiona a la naturaleza en ambos extremos: al obtener materias primas y al disponer los residuos.
Este proceso lineal, dijo, deteriora la capacidad de regeneración de los ecosistemas. Sus efectos también alcanzan a las empresas, pues la escasez de insumos puede elevar los costos de producción, mientras que el deterioro ambiental dificulta los avances en reducción de la pobreza y las desigualdades.
Frente a este panorama, presentó los tres principios de la economía circular propuestos por la Fundación Ellen MacArthur: eliminar residuos y contaminación desde el diseño, mantener productos y materiales en circulación y regenerar la naturaleza.
Explicó que esto implica fabricar bienes duraderos que puedan repararse, reutilizarse o desensamblarse, para recuperar sus componentes e incorporarlos nuevamente a los procesos productivos. También requiere sistemas de logística inversa; esto es, así como existen cadenas para llevar mercancías hasta quienes las consumen, deben construirse rutas para devolverlas y recuperar su valor después del uso.
Al mantener los materiales en circulación, añadió, se puede disminuir la extracción de materias primas vírgenes y prevenir la contaminación, lo que favorece la recuperación de los ecosistemas.
En materia climática, citó un análisis de la Fundación Ellen MacArthur según el cual alrededor del 45 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero está asociado con la fabricación y uso de productos, la agricultura y el uso de la tierra. Por ello, sostuvo que la transición energética debe acompañarse de cambios en la producción y el consumo.
La economía circular, explicó, ofrece herramientas para actuar sobre estas emisiones mediante un mejor aprovechamiento de materiales, la prolongación de la vida útil de los bienes y la prevención de procesos innecesarios de extracción y fabricación.
Así, una misma intervención puede contribuir a reducir emisiones, prevenir la contaminación y disminuir las presiones sobre la biodiversidad. Para gobiernos y empresas, señaló, esto representa una posibilidad de utilizar sus recursos con mayor eficiencia y atender distintas agendas ambientales.
Al abordar la situación de México, advirtió que buena parte de las iniciativas se concentra en la gestión de residuos y, particularmente, en los plásticos. Aunque reconoció estos esfuerzos, consideró necesario ampliar la perspectiva hacia otros materiales y hacia los flujos de agua y energía que intervienen en la producción. “La economía circular aplica a todos los flujos”, subrayó.
Recordó que la Ley General de Economía Circular fue publicada el 19 de enero de 2026 y explicó que su implementación requiere armonizar los avances estatales con las disposiciones nacionales. Entre sus propósitos mencionó incrementar la vida útil de los productos, minimizar y aprovechar los residuos y establecer atribuciones entre los tres órdenes de gobierno.
Destacó como instrumento central la responsabilidad extendida del productor, principio que amplía las responsabilidades de quienes producen o importan bienes hacia otras etapas de su ciclo de vida, incluida su recuperación después del consumo.
Señaló que su aplicación debe considerar las capacidades económicas, financieras y tecnológicas de las empresas, especialmente de las micro, pequeñas y medianas, mediante metas y mecanismos graduales de cumplimiento.
También destacó las posibilidades de recuperar materiales valiosos de aparatos electrónicos y baterías mediante la llamada minería urbana. Para aprovecharlos, insistió, se necesitan productos cuyos componentes puedan separarse, además de sistemas adecuados de recolección y procesamiento.
Macías Solís propuso incorporar a estas tareas a las personas dedicadas históricamente a la recuperación informal de residuos, conocidas como recicladoras de base, mediante capacitación y mejores condiciones de seguridad y salud. Asimismo, señaló la necesidad de contar con mediciones, normas y mecanismos de verificación que permitan comprobar los avances.
Al concluir, explicó que la economía circular puede contribuir a la Agenda 2030, al Acuerdo de París sobre cambio climático, al Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal y a los esfuerzos internacionales contra la contaminación por plásticos.
“Cuando nos organizamos y trabajamos de manera colaborativa y coordinada, las cosas se logran”, afirmó, por último. En ese esfuerzo, reconoció a las universidades como espacios para formar capacidades, generar conocimiento y vincularlo con las necesidades de sus territorios.

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