

POR: Noé Guerra Pimentel
Ahí estuve el domingo 27 de septiembre, en el balneario de El Paraíso, municipio de Armería, en el litoral colimense del Pacífico, en esa paradoja geográfica: un paraíso que no existía. Me explico. Antes del 27 de octubre de 1959, ese espacio no era playa, era un espeso e impenetrable sistema de manglares y esteros, parte del vaso lacustre de lo que se conocía como Boquillas, una barrera natural que protegía la fracción de 2.5 kilometros de la boca del estero hasta la desembocadura del río Armería con los 750 metros de frente de playa de enramadas en la costa colimense.
Ese día, el ciclón de 1959 -el más devastador y mortífero en la historia de Colima, arrasó todo aunado a la creciente del río Armería. Arrancó de raíz los manglares, devastó la vegetación y al retirarse, por el acarreo de sedimentos dejó a cambio una hermosa y extendida playa de arenas oscuras. A ese playón nuevo llegó primero el hombre de mar, pescadores, luego el del ejido, para levantar enramadas con venta de producto fresco. Era un asentamiento estacional, precario, pero coincidió con la visión política del gobernador Rodolfo Chávez Carrillo (1953-1959), quien con su hermano Jorge, encargado de turismo, vio la oportunidad y oficialmente bautizó y abrió el balneario.
En ese entonces Armería no era municipio, era junta municipal dependiente de Manzanillo, su presidente, Francisco Andrade Colmenares. La historia administrativa de Armería es la historia de El Paraíso. El 26 de mayo de 1967 Armería fue decretado el décimo municipio de Colima -publicado el 3 de junio-, su primer Ayuntamiento en enero de 1968 lo encabezó Rosalío González Espinoza. Le siguieron Salvador Mora Nolasco y J. Félix Delgado Velázquez. Fueron esos primeros gobiernos los que impulsaron su desarrollo: aprovecharon el viejo camino que llevaba a los abandonados "once pueblos", para enfilarlo a la nueva playa.
En los años 70s, recuerdo, llegar a El Paraíso era una odisea; para cruzar el estero había que pasar sobre un puente rústico de troncos de palma, era muy riesgoso. Fue hasta mediados de esa misma década cuando se construyó el primer puente de material. Eso lo cambió todo. Permitió el loteo y la construcción. El balneario se consolidó en la década de los ochenta, su época de mayor esplendor, con una playa ancha de más de 80 metros en varios tramos, que albergaba hasta 70 enramadas arrancando con la del Hotel Paraíso, de los Íñiguez de Colima.
A finales de los años 80, el mar, que prestó esa playa, la empezó a recuperar con el Gilberto (1988) y en los noventa, entre los que recuerdo, con Winifred (1992), Calvin (1993), Olaf (1997), Javier (1998) y Greg (1999), cuando ya los vecinos reportaban marejadas cada vez más intensas. Ya no eran eventos aislados. En los 2000, el fenómeno se intensificó con el Jova (2011), Manuel (2013), Hilary (2023), Priscilla (2019), Flossie (2025), que conllevó a la pérdida de la barra de aquella playa ancha de los años ochenta reducida a 30 metros, luego a 15 y que ahora, con Polo (2026), ya no existe.
Lo que estamos viendo es el punto crítico, un hidrometeoro que ni siquiera impactó en la costa colimense generó un tren de olas que prácticamente ha borrado la zona de enramadas. No fue un daño, fue la limpieza de un litoral que así vuelve a su origen. No presenciamos la destrucción de una playa, sino su reconformación. El mar reclamando el espacio del manglar. Esa playa fue un préstamo de 67 años del océano. Geofísicamente, ese territorio no es apto para asentamientos permanentes.
La reubicación ya no es una opción, es necesidad, insistir en reconstruir en la primera línea del rompiente es condenar cualquier inversión. Es momento ya de que se actúe sobre un traslado ordenado a una segunda línea, detrás del cordón del estero, en zona de amortiguamiento de manglar -restaurado- y cambiar el modelo basado en la venta de mariscos en playa, ya no; el mediano plazo exige diversificación: acuacultura sustentable, turismo de estero y de manglar, y la integración a la cadena de valor agroindustrial del puerto. El Paraíso no tiene que desaparecer, pero no puede seguir siendo solo playa. El mar vuelve a su origen.
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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