

UNA FORTUNA COTIDIANA
POR: Balvanero Balderrama García
balvanero@gmail.com / @Balvanero.B
Cuando podemos hacer algo, o tenemos un bien en posesión, solemos pensar que todas las demás personas también lo tienen.
De ahí toma una fuerza distinta ese dicho que se repite ante la pérdida, generalmente, de un amor: nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. Pero puede aplicarse a muchas otras realidades.
Desde ahí se puede entender la indiferencia ante las dificultades que las personas con alguna discapacidad tienen, por ejemplo, para transitar las ciudades. Desde banquetas intransitables, transporte público no habilitado, así como oficinas públicas, parques, etcétera.
Pero hay otras realidades que no se aprecian a simple vista, como podría ser una discapacidad visual o motriz —siguiendo con ese ejemplo—. Pero que también limita seriamente el desempeño y posibilidades de muchas personas.
Y así como hay dificultades que no alcanzamos a dimensionar porque no las vivimos, también hay otras limitaciones que pueden pasar inadvertidas, incluso cuando están mucho más cerca de nosotros. Una de ellas es no saber leer ni escribir.
El 8 de septiembre está destinado, desde hace seis décadas, a reflexionar sobre las personas que no saben leer ni escribir. El Día Internacional de la Alfabetización, impulsado por la UNESCO, promueve la lectura y la escritura como derechos humanos fundamentales.
La medición más precisa sobre la población en condición de analfabetismo la dan los Censos de Población y Vivienda. El más reciente levantado por INEGI fue en el 2020 y en ese año el 4.7% de las personas de 15 años y más en el país estaban en esa condición. En Colima, el porcentaje era menor: 3.3 por ciento.
El dato puede parecer menor, pero a nivel nacional suman millones de personas y, a nivel local, miles. Personas que están imposibilitadas, por sus contextos particulares, para poder enviar un mensaje, recibirlo, entender el misterio de las letras.
Quienes tenemos esa fortuna, lo vemos cotidiano y natural. En este momento que escribo o tú que lees esta columna, no nos causa mayor problema. Sin embargo, no todo el que sabe, lo hace. Sin embargo, no todo el que sabe leer lo hace. El Módulo de Lectura —MOLEC— del INEGI reportó para 2025 que el 62.5 % de las personas alfabetas de 12 años y más leía libros. Y un porcentaje mayor que el de las personas que no saben leer y escribir no leyó: 7.9 por ciento del total.
Leer es maravilloso. Es, desde el silencio, adentrarse en mundos distintos, distantes, convulsos, extraordinarios, lúgubres, pesarosos; es sonreír con el mensaje de alguien que amas: ya llegué a la escuela, ya estoy en el trabajo, estoy en casa; es preocuparse: ven de inmediato. Es, son, muchas cosas.
Reflexionemos en que no todas las personas tienen lo que yo, hay muchas que son menos afortunadas. Es posible que interactuemos con quien no sabe leer y no lo sepamos; si un día te das cuenta ¿qué harías?
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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