

*“Las personas con demencia siguen comprendiendo y sintiendo; conservan emociones y, en muchos casos, la capacidad de comunicarse, por lo que deben ser tratadas con respeto y dignidad”, comentó la especialista
¿Demencia senil? Durante mucho tiempo hemos escuchado que la pérdida de memoria, los olvidos frecuentes o la dificultad para realizar actividades cotidianas son parte natural del envejecimiento y que, inevitablemente, están relacionados con la enfermedad de Alzheimer. Esta idea ha llevado a muchas personas a pensar que no existe nada que pueda hacerse para ayudar a quienes viven con algún tipo de demencia.
Sin embargo, la realidad es más compleja. “La demencia no es una consecuencia normal de la vejez ni una condición exclusiva de las personas adultas mayores. Se trata de un conjunto de síntomas que pueden tener diferentes causas y que requieren atención, diagnóstico oportuno y acompañamiento adecuado”, dijo Katia Carmina Farías Moreno durante la conferencia “Hablemos de demencia: señales clave, mitos comunes y tratamientos actuales”, que dio en el Archivo Histórico de la Universidad de Colima.
Esta conferencia es organizada de manera conjunta por la Coordinación General de Investigación y la Asociación de Jubilados y Pensionados de la Universidad de Colima.
La demencia no es sólo una enfermedad
La especialista en enfermedades neurodegenerativas explicó que la demencia “no es una sola enfermedad, sino un conjunto de signos y síntomas que afectan el pensamiento, la memoria, la toma de decisiones, el movimiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas, como bañarse o cambiarse de ropa”. Añadió que estas funciones pueden deteriorarse de manera leve o avanzar hasta provocar una dependencia severa, en la que la persona puede permanecer postrada.
En este padecimiento, si bien la edad es un factor de riesgo, dijo Farías Moreno, no significa que sólo se presente en adultos mayores. Se ha presentado en personas que incluso no han cumplido 40 años. “Debemos dejar de llamar a senil a la demencia, porque es una forma de decir que una persona tiene demencia porque está vieja. Es una enfermedad que no distingue edad, raza, estatus social o geografía y afecta a millones de familias en todo el mundo”.
La especialista explicó que entre los principales tipos de demencia se encuentran la frontotemporal, que suele afectar la personalidad, el comportamiento y el lenguaje, y puede presentarse con mayor frecuencia en personas más jóvenes; la demencia con cuerpos de Lewy, asociada con alucinaciones visuales, alteraciones del sueño y problemas de movimiento; la demencia vascular, causada por alteraciones en el flujo sanguíneo del cerebro y considerada una de las más frecuentes después del Alzheimer, y la enfermedad de Alzheimer, que por lo general afecta primero la memoria reciente y representa entre el 60 y el 70 por ciento de los casos de demencia.
Actualmente, dijo, 55 millones de personas a nivel mundial tienen un diagnóstico de demencia. “Se estima que en los próximos años habrá 10 millones más, y el número de afectados se va a triplicar para el 2050. El 60% de las personas que tienen demencia están en países en desarrollo. Si lo vemos de otra forma, podemos decir que cada tres segundos una persona en el mundo va a desarrollar demencia”.
Olvidos, comportamiento ¿normal o señal de alerta?
Katia Carmina Farías compartió diez señales que podrían alertar sobre un posible deterioro cognitivo asociado con demencia. Entre ellas mencionó la pérdida de memoria que afecta la vida diaria y reduce la autonomía de la persona; la dificultad para planear o resolver problemas, como organizar los pasos para vestirse y salir de casa; la complicación para realizar tareas cotidianas que antes se hacían sin dificultad, como cocinar, pagar cuentas o recordar cuándo deben hacerse ciertos pagos; así como la desorientación en tiempo o lugar, por ejemplo, no saber dónde se está o confundirse con fechas y horarios.
También señaló los problemas de lenguaje, especialmente la dificultad para encontrar palabras. “Es común que la persona sepa qué quiere decir, pero no encuentre la palabra y empiece a describirla”, explicó. A esto se suman las dificultades para interpretar imágenes, calcular distancias o ubicarse espacialmente, lo que puede notarse en actividades como estacionarse, subir o bajar una banqueta, caminar por espacios irregulares o calcular la profundidad de un escalón.
Otra señal es perder objetos con frecuencia y no poder reconstruir los pasos para encontrarlos. Aclaró que olvidar dónde quedaron las llaves o la cartera puede ocurrirle a cualquiera, pero colocar objetos en lugares inusuales, por ejemplo, guardar las llaves dentro del refrigerador, puede ser motivo de atención. También mencionó la disminución del juicio o la toma de decisiones inusuales, como gastos impulsivos o conductas financieras poco habituales en una persona que antes era cuidadosa. “Por ejemplo, una persona compra pan que le cuesta 10 pesos, paga con uno de 500 y dice ‘déjalo así’, es algo que no se hace con normalidad”.
Finalmente, habló de cambios persistentes en el estado de ánimo, la personalidad o el comportamiento, así como el alejamiento del trabajo, la familia o las actividades sociales. La especialista aclaró que estas señales no significan necesariamente que una persona tenga demencia, pero sí pueden indicar la necesidad de una valoración médica, neurológica o neuropsicológica, sobre todo cuando los cambios son persistentes, progresivos y afectan la vida diaria.
Katia Farías agregó que estas señales suelen aparecer de forma gradual, iniciando con una o dos y acumulándose con el tiempo. Sin embargo, el olvido persistente es uno de los síntomas más comunes, por lo que reconocer estas manifestaciones y buscar atención médica de manera oportuna puede marcar una diferencia importante en el diagnóstico y tratamiento.
Otros de los puntos que aclaró la especialista son los mitos que rodean a esta enfermedad, por ejemplo, que tener un padre o madre con Alzheimer aumenta el riesgo. En este caso, dijo, eso no significa que los hijos desarrollarán la enfermedad. Otro dato importante es que no todo olvido es Alzheimer: “El estrés, la falta de sueño, la depresión, el hipotiroidismo o la deficiencia de vitaminas también pueden causar problemas de memoria. Es una señal de alerta cuando los olvidos afectan la vida diaria y se acompañan de otros síntomas”.
La demencia se desarrolla en cuatro etapas
De acuerdo con Farías Moreno, la demencia puede evolucionar en distintas etapas. En la fase prodrómica aparecen alteraciones leves de memoria, juicio o atención, pero la persona todavía conserva su independencia. En la demencia leve, los síntomas son más evidentes: hay pérdida de memoria, confusión ocasional, dificultad para planear actividades y problemas para encontrar palabras.
En la demencia moderada aumenta el deterioro cognitivo, la desorientación y la necesidad de apoyo para realizar actividades cotidianas; también pueden presentarse cambios de conducta, ideas delirantes o comportamientos repetitivos. En la fase avanzada, la persona suele requerir cuidados permanentes, puede perder la capacidad de comunicarse verbalmente, tener dificultades para alimentarse y depender por completo de otras personas.
El diagnóstico de la demencia requiere una evaluación médica integral. Ésta incluye la historia clínica, la revisión de los síntomas, pruebas cognitivas o neuropsicológicas, análisis de laboratorio y, en algunos casos, estudios de imagen cerebral. La detección temprana permite iniciar intervenciones oportunas, planear mejor los cuidados y mejorar la calidad de vida, tanto de la persona diagnosticada como de su familia.
Aunque la demencia no tiene cura, explicó la especialista en enfermedades neurodegenerativas, existen tratamientos que pueden ayudar a controlar algunos síntomas, mantener por más tiempo ciertas funciones y favorecer una mejor calidad de vida. “Más allá del tratamiento médico, es fundamental promover hábitos y acciones cotidianas que contribuyan a la salud cerebral y ayuden a reducir el riesgo de desarrollar demencia”, señaló.
“Las personas con demencia siguen comprendiendo y sintiendo; conservan emociones y, en muchos casos, la capacidad de comunicarse, por lo que deben ser tratadas con respeto y dignidad”, finalizó.

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