

*La investigadora uruguaya dictó la conferencia virtual “Los cuidados como eje de bienestar y justicia social: del deber al derecho”, como parte de las actividades que realiza la UdeC para conmemorar el Día Internacional de la mujer
“El cuidado debe entenderse no sólo como un asunto de igualdad de género, sino como una cuestión de justicia social”, dijo este martes 10 de marzo la investigadora uruguaya Karina Batthyány, durante la conferencia virtual “Los cuidados como eje de bienestar y justicia social: del deber al derecho”, que dictó como parte de las actividades que realiza la Universidad de Colima para conmemorar el Día Internacional de la mujer.
Cristian Jorge Torres Ortiz Zermeño, rector de la Universidad de Colima, al darle la bienvenida a la conferencista, compartió que estos temas son una invitación para reflexionar sobre el cuidado, “no solo como una responsabilidad individual, sino como un derecho y una responsabilidad social compartida. Reconocerlo como eje de bienestar implica avanzar hacia instituciones más justas, corresponsables e incluyentes”.
Conocer más sobre estos temas y dialogar sobre ellos -destacó-, “forma parte de un compromiso permanente con la igualdad sustantiva, la transversalización de la perspectiva de género y la construcción de entornos universitarios libres de violencia”.
El cuidado debe ser una cuestión de justicia social, no de género
El cuidado de los hijos, los padres y de la familia, dijo Karina Batthyány, recayó por muchas décadas en el modelo tradicional femenino, familiar y no remunerado. “El bienestar en nuestra región descansó en ese arreglo implícito, que el cuidado sería provisto por parte de la familia, de nosotras las mujeres. Ese arreglo se sostuvo sobre la naturalización de la división sexual del trabajo, pero también sobre una narrativa cultural que asocia el cuidado con el amor, con la vocación y la responsabilidad femenina”.
Este modelo, añadió, aunque permitió que el sistema económico y las instituciones públicas funcionaran sin asumir los costos sociales de la reproducción de la vida, “al depender del tiempo y trabajo invisibilizado y no remunerado de las mujeres, hoy resulta insostenible”.
Se debe entender, dijo Karina, “que yo no soy cuidadora solamente, también he sido cuidada y así me voy a ir moviendo en el ciclo vital. Por eso es importante entender estas dimensiones del derecho al cuidado”.
Para ella, el cuidado “no solo debe ser una cuestión de igualdad de género, es una cuestión de justicia social y por eso queremos colocarlo en el centro”. Plantearlo ya no como una necesidad hacia el ámbito privado, sino como una responsabilidad pública y colectiva, reorganizando el llamado “diamante del bienestar” entre Estado, mercado y las comunidades y familias.
Comentó que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reconoció el cuidado como un derecho, marcando un cambio clave en la región. Esto implica garantizar el derecho a recibir cuidados, a no asumirlos de forma obligatoria y ejercerlos en condiciones dignas, para que con ello no sólo se reduzcan las desigualdades de género, sino construir sociedades más justas.
En este contexto surge la “Sociedad del Cuidado” impulsada desde América Latina, por el feminismo, la academia y organismos internacionales, en el que colocan al cuidado como el centro de las políticas económicas, sociales y culturales. Con ello, se reconoce que los ciudadanos tendrían derecho a los sistemas integrales de cuidado e infraestructura social, fundamentales para el bienestar colectivo.
El hecho que la CIDH reconociera este modelo como parte de la nueva dinámica -explicó-, garantiza tres aspectos: el derecho a recibir cuidados a lo largo del ciclo vital; el derecho a no cuidar en condiciones obligatorias o exclusivas, promoviendo la redistribución social del cuidado, y el derecho a cuidar en condiciones dignas cuando se trata de trabajo remunerado, con reconocimiento social, protección laboral y condiciones adecuadas.
Esta declaración, comentó, no solo implica reconocer el cuidado como un bien común o público, sino que “corrige esa asimetría histórica que durante siglos ha sido naturalizada como obligación femenina; implica, además, reconocer que sostener la vida es una tarea colectiva”.
Pero también, dijo, es un llamado a que el cuidado deje de verse como un “problema de puertas para adentro, donde cada una de nosotras se va a tener que arreglar como puede”.
Aunque países como Uruguay, Colombia, Brasil, Costa Rica y México, comentó, han dado pasos importantes, persisten desafíos significativos. Se requieren marcos normativos que reconozcan el derecho al cuidado, instituciones públicas sólidas para coordinar políticas, financiamiento sostenido y mecanismos de exigibilidad y rendición de cuentas, “pues sin ese reconocimiento en las políticas públicas seguirá existiendo la desigualdad de género y la desigualdad social, además de perpetuar la precarización del trabajo remunerado de cuidados, especialmente entre trabajadoras domésticas y cuidadoras”.
Construir comunidades universitarias más conscientes
Colocar el cuidado en el centro del diálogo, dijo Mayra González Flores, directora del Centro Universitario para la Igualdad y los Estudios de Género de la UdeC, “abre la posibilidad de imaginar y construir otras realidades, otras formas de organización social y dinámicas institucionales más sólidas y corresponsables. Es decir, nos invita a repensar cómo distribuimos el tiempo, los recursos y las responsabilidades que sostienen la vida”.
En este sentido, dijo que las universidades tienen un papel fundamental en la construcción de espacios y generación de conocimiento. “A través de nuestros procesos formativos contribuimos a formar nuevas generaciones de profesionales con una mirada crítica y comprometida, capaces de incidir en la transformación de estas realidades y de impulsar cambios que beneficien al conjunto de la sociedad”.

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