

*La bailarina y coreógrafa Michelle Félix y el músico y compositor Gilberto Moreno presentaron este jueves por la noche, en el Museo de Artes Populares “Ma. Teresa Pomar” de la Universidad de Colima, la Charla “Juya Ania, Danza y Memoria
Con el objetivo de compartir su forma de ver y entender las tradiciones de los pueblos originarios de México, la bailarina y coreógrafa Michelle Félix y el músico y compositor Gilberto Moreno presentaron este jueves por la noche, en el Museo de Artes Populares “Ma. Teresa Pomar” de la Universidad de Colima, la Charla “Juya Ania, Danza y Memoria”, donde hablaron del proceso creativo de este proyecto multidisciplinario, que rescata la cultura y costumbres de las comunidades Mayo Yoreme del norte del país, en el estado de Sinaloa.
La bailarina sinaloense Michelle Félix comentó que, al finalizar los estudios de danza en su estado natal y migrar a la ciudad de Berlín, Alemania, surgió la inquietud por acercarse a las danzas tradicionales del norte del país. “Tal vez como un proceso inconsciente de buscar elementos que me anclaran a la tierra de la cual provengo. En ese contexto conocí a un danzante de venado y comencé a adentrarme en las tradiciones Yoreme con el propósito inicial, no de bailar, sino de realizar investigaciones sobre dicha cultura”.
Después de un año de iniciar su trabajo de investigación, fue invitada a bailar la danza del venado y poco a poco fue obteniendo los elementos del ajuar y a participar de este ritual en centros ceremoniales de Los Mochis y Guasave, en Sinaloa. “En esas primeras incursiones no sabía que la danza del venado no es una expresión aislada, sino que está rodeada de muchos elementos de la tradición Mayo-Yoreme que he ido conociendo durante mis investigaciones”.
Al regreso de una estancia en Alemania, agregó, fue invitada a un centro ceremonial Yoreme de Tehueco durante las festividades de la Semana Santa. Allí tuvo la oportunidad de profundizar en esta tradición que representa los pasajes bíblicos, pero que se entrelaza con elementos de la cosmovisión de comunidades indígenas. “Por ejemplo, hay gente de la comunidad que hace los personajes de los judíos, casi siempre como parte de una manda o movidos por su convicción y la fe”.
Añadió que el rol de los “judíos” llega a ser muy exigente, porque además de caracterizar a estos personajes en la representación, dijo, tienen el encargo de ir a otros pueblos a reunir dinero para sacar adelante las festividades. “Dentro de los judíos existe también el tamborero, que toca en todos los eventos de la festividad, así como los que sonajean y zapatean como parte de la manda. Son quienes llevan el mayor desgaste físico”.
Dijo que también existen otros personajes emblemáticos, como los mandones, que dirigen cada una de las cuatro procesiones que hay durante la celebración, así como los caretudos o judas, los venados, los pascolas y los cantavenados. “Una de las partes climáticas de la celebración llega el sábado de gloria, cuando los judíos queman las máscaras que tuvieron durante cuarenta días, tiempo en el cual estuvieron poseídos por el mal, y este acto es una manera de deshacerse de todo ese mal”.
Al concluir la quema de máscaras, añadió, continúa la fiesta en la “ramada”, donde el venado estará acompañado de su antagonista el “pascola”, quien lo invita a portarse mal y ambos agotan la noche y madrugada del siguiente día ejecutando sus danzas. “En las ramadas están todas las familias, las cocineras y los hijos de la comunidad. El venado y el pascola se van turnando para bailar y es ahí donde aparecen los cantavenados, quienes se encargan de guiar al venado con cantos que normalmente son alusivos a la naturaleza”.
Durante cinco años yendo a documentar estas festividades, abundó, se han sumado al trabajo de investigación y registro fotógrafos, videoastas y un urbanista, quienes comparten la pasión por la cultura de las comunidades Mayo Yoreme. “Éste es un proyecto sin fines de lucro que hemos ido realizando con muchos esfuerzos, considerando también la ola de violencia en Sinaloa. La idea que perseguimos en un futuro es realizar un documental con el material que hemos ido reuniendo”.
En su turno, el músico y compositor colimense Gilberto Moreno comentó que, partiendo del contacto de Michelle con la cosmovisión Mayo Yoreme, se han embarcado en un proyecto multidisciplinario que une música y movimiento en torno a la danza del venado. “El primer acercamiento a la propuesta artística surgió cuando Michelle me prestó algunos instrumentos típicos de esta celebración, como un tambor de agua, unas sonajas y unos tenabaris (cascabeles) con los que empecé a experimentar cuando cursaba mi maestría en Alemania”.
El acercamiento con dichos instrumentos, por varios meses, añadió, lo inspiró a componer dos piezas, una para un ensamble de cámara y otra utilizando medios electrónicos. “Con este punto de partida pensamos en montar una pieza donde ella propuso la estructura narrativa mientras yo me encargué de tocar los instrumentos de manera experimental, buscando diferentes texturas y sonoridades que surgían a través de la interacción entre ambos”.
Comentó que, al juntar el imaginario de la bailarina y su visión personal del sonido, empezaron a construir la pieza a base de experimentación y dando inicio al espectáculo con Michelle ataviándose con los diferentes elementos del ajuar, mientras juega e interactúa con la música. “Desde mi perspectiva como músico, podría equiparar esta pieza con un ejercicio de free jazz, por el trabajo de improvisación que realizamos. El punto culminante de la obra se alcanza cuando ella porta el ajuar completo y ejecuta la danza del venado propiamente dicha”.
El compositor colimense agregó que en el momento que empezaron a trabajar en Juya Ania estaba muy inspirado por el teatro tradicional japonés Kabuki y Noh, que se conforman, dijo, de piezas minimalistas donde se alternan sonidos de los instrumentos con muchos silencios. “Yo tenía esta idea en mi cabeza y por eso trabajé mucho con el silencio. Este elemento le ha dado un carácter muy especial a nuestra propuesta”.
Finalmente, Gil Moreno señaló que la pieza ha ido creciendo desde su concepción y con las diferentes representaciones. “El lenguaje artístico de Juya Ania se ha ido puliendo para ofrecer al público una propuesta íntima y poderosa. Escénicamente hemos ido creciendo y eso ha permitido que la pieza, cada vez que nos vemos y la interpretamos, crezca, cambie o se regenere”.

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