

ESTUDIANTES CON NECESIDADES ESPECIALES: LA GRAN DEUDA
POR: Blanca F. Góngora
En días pasados, una experiencia de mi hija con una compañera con necesidades especiales me hizo volver a pensar en la gran deuda que el Sistema Educativo Mexicano (SEM) ha tenido y ha dejado crecer con todos estos niños, con los compañeros de estos niños, con sus familiares e incluso con sus maestros, pues un niño con necesidades especiales ocupa extra apoyo de todos los nombrados y extra apoyo del SEM también.
Es tiempo de abrir nuestro espectro y pensar en los niños con necesidades especiales de una manera más amplia y darnos cuenta que más allá de barandales o rampas de acceso (que por cierto siguen haciendo falta en la mayoría de las escuelas del país) se necesita primero darnos cuenta que hay niños que son como pequeños camaleones en sus vidas y que a menos que no abramos bien nuestros ojos y nuestros sentidos podremos darnos cuenta que dentro de ellos se esconde un ser que está luchando batallas que muchas veces ni él mismo sabe que las está enfrentando porque no le han permitido reconocerse con ciertas características propias que lo definen.
Pensemos entonces, por ejemplo, en los niños disléxicos que no saben que son disléxicos y que sus familias tampoco lo saben y que sus maestros tampoco lo saben. El niño llegara a pensar que es tonto porque no puede leer como leen otros de sus compañeros, los papas pensaran que es menos competente que sus otros hijos, sus maestros pensaran que no pone atención por distraído y entonces puede llegar a preparatoria sufriendo y sin saber que si el SEM lo hubiera detectado a tiempo, lo hubiera proveído con materiales especiales para su aprendizaje, hubiera tenido a su disposición maestros capacitados tanto titulares y maestros de apoyo extra este niño hubiera tenido un camino más exitoso y menos frustrante en su educación básica. Lo mismo aplica con aquellos niños daltónicos o con los niños con problemas de ansiedad o los niños con inteligencias superiores o aquellos con problemas o virtudes no reconocibles a simple vista.
Cuando leo sobre los sistemas educativos de otros países o cuando he tenido la oportunidad de estar en algunos de ellos me es imposible no hacer comparaciones y aunque siempre sé que las circunstancias son distintas no dejo de desear aquello bueno que ellos tienen y que todavía nos sigue faltando a nosotros: un proyecto sustentado en muchos años de investigación y que no ha sido mutilado ni manipulado a modo por los cambios de gobiernos. También me llama mucho la atención cómo estos países no gastan en la promoción de sus acciones educativas sino en las acciones educativas en sí mismas. No escatiman en materiales educativos, no usan libros de texto gratuitos porque las escuelas tienen materiales en abundancia. Reconozco que me gusta que tengamos libros de textos gratuitos, pero no me gusta que el SEM crea que con eso ya cumplió, como mal papá escatimando la pensión. Estos países piensan en realidad en la inclusión y concretan acciones diarias en el salón de clases, en las canchas, en las bibliotecas públicas, en el transporte, en los hospitales y no solo en el discurso del “todes” que parece muy innovador, pero no deja de ser un jueguito de palabras que no llega a la raíz de las problemáticas de los excluidos.
Los niños con necesidades especiales están ahí a la espera de nuestro reconocimiento, de nuestra guía, de nuestra comprensión, de nuestro apoyo. No tienen por qué ser tratados de igual manera sino de la manera que ellos necesitan, tienen que tener sus propios tiempos, sus propios espacios, materiales educativos para sus particulares formas de ser, de aprender y de ver el mundo, mientras tanto seguiremos en deuda con ellos porque el discurso no lo es todo.
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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