

COLIMENSAJE Y NORMALIZACIÓN DE MALAS CONDICIONES LABORALES
POR: Blanca F. Góngora
El colimensaje de la gobernadora de Colima se volvió famoso a nivel nacional pero lamentablemente no en forma positiva. En Colima tampoco pasó desapercibido y generó rechazo y animadversión. De un rato a otro todos los mensajes en redes sociales estaban cargados con ironía y divertimento siempre antecediendo cada palabra con el multicitado “coli” y entonces tuvimos colireclamos, colicriticas, coliburlas, colimuertos, colidelincuencia. La gente se manifestó, pero la gobernadora, fuerte a toda crítica como siempre ha sido, no le importo nadita, así que al siguiente día volvió a postear un estado jugando UNO en familia con sus “colibendiciones” como ella lo escribió.
Si dejamos a un lado todos los “coli” del mentado mensaje y nos concentramos en el contenido, nos encontramos de lleno ante un mensaje que más que ser motivante para los que trabajan en el programa de Colibecas es más bien ofensivo y si no se dan cuenta de ello o si no nos damos cuenta es porque hemos normalizado tanto las malas condiciones laborales que hasta las asumimos ya como parte del paquete de cualquier trabajo
Y es que ningún patrón nos debe felicitar por trabajar en las malas condiciones que él nos genera, no debemos sentirnos orgullosos que nos agradezcan por trabajar así; más que gracias, lo que mejor procedería sería una disculpa, una promesa de que no vuelve a pasar y una dignificación, así como una mejora real en las condiciones laborales. Esto hablando de cualquier patrón, con mayor razón si hablamos de un mensaje de alguien con tanto poder e incidencia en las condiciones laborales de todo un pueblo como es un gobernante.
La gobernadora afirma en su mensaje que sus “muchaches” en el equipo de Colibecas andan sufriendo madrugadas, desveladas, hambreadas y padecen (a veces) el fuerte calor, dice entonces que por esas razones son un coliejemplo para todos los trabajadores y trabajadoras del gobierno del estado. Es un mensaje que normaliza el trabajar bajo esas rudas circunstancias. Si bien este vicio no es solo de este nuevo gobierno, si había esperanzas de que este nuevo gobierno (Federal y Estatal) terminara con ello porque todos los trabajadores deben tener garantizadas sus horarios de jornada laboral, es decir, todos deben saber su hora de entrada, su hora de salida, todos deben gozar de sus respectivos descansos o tiempos para ingerir sus alimentos y todos deben recibir pagos extra si trabajan horas extras, como me imagino que si se les paga en este caso.
Este es un ejemplo de algo que pasa en trabajos que inciden en el ámbito educativo como son las Colibecas pero segura estoy que condiciones parecidas son las que viven los trabajadores de otros sectores (tanto de gobierno como del sector privado) quienes quedan siempre a disposición de sus jefes y entonces, por poner solo otro ejemplo, tenemos situaciones en que tantos funcionarios y administrativos de la misma SE tienen que quedarse a deshoras para sacar los trabajos o problemas estancados y aparte de que no les pagan horas extras, mal comen, se les generan problemas familiares y terminan haciendo mil llamadas telefónicas a quemarropa para arreglar quién recogerá a los hijos o los llevara al deporte vespertino porque hoy otra vez “el jefe dio la orden de que nos tenemos que quedar.” Los funcionarios incluso han asumido esta parte de su trabajo como glorioso, como una muestra hacia a los otros de que “traen bien puesta la camiseta” y aunque también la sufren “no rajan” porque “esto es así” y entonces pasa esto, se vuelven (sin quererlo) parte de esta viciada forma laboral, se vuelven parte del discurso oficial (pues no se les deja otra opción) y entonces todo se normaliza.
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