

CHAPULA Y LOS DERECHOS HUMANOS
POR: César Barrera Vázquez
La trágica y lamentable muerte de Roberto Chapula, asesinado a mansalva cuando se encontraba afuera de su casa, es un recordatorio doloroso de los días de infierno que hemos padecido los colimenses desde enero de este año. Días de violencia, sangre e impunidad.
El asesinato de Chapula se suma a la muerte violenta de otros políticos, como el presidente de Ixtlahuacán, Crispín Gutiérrez (2017), la diputada Anel Bueno (2020), el secretario de salud, Saúl Adame Barreto (2011), el ex gobernador Silverio Cavazos (2010) y el atentado contra Fernando Moreno en el 2016.
Pero quizá lo de Chapula fue más impactante por la cruel imagen que profusamente circuló por las redes sociales. Una imagen que consternó y dolió, sobre todo a quienes tuvimos la fortuna de conocerlo y tratarlo, siempre amable y ameno.
Como presidente de la comisión de Estatal de Derechos Humanos, cargo que ocupó durante el 2009 hasta el 2016, Roberto Chapula siempre tuvo una activa participación, sobre todo en los espacios mediáticos, donde muy a su estilo defendía a quienes fueron violentados en sus derechos.
En esa coyuntura me tocó conocerlo de una manera más directa y profunda, al grado de que me invitó acompañarlo a una reunión con autodefensas, quienes se encontraban recluidos, durante el 2014, en el Centro de Readaptación Social de Colima.
Pude presenciar toda la conversación que sostuvo Roberto Chapula con esos cuatro autodefensas, a quienes les preguntó cómo se encontraban, si los habían violentado, si estaban conformes con el acompañamiento jurídico y facilitándolos la asesoría por parte de la comisión.
Recuerdo que, en un momento, Roberto les explicó a uno de los cuatro autodefensas, a un joven de aproximadamente 20 años, de mirada mustia y semblante compungido, que su caso era meramente político y no jurídico.
Y con su forme de ser y hablar, le espetó, sin miramientos que dentro de tres o cuatro años estaría libre, cuando cambiara el gobierno federal. Dicha esa frase el joven rompió en llanto y se dolió de que su mujer e hijo lo estuvieran esperando afuera.
Ya afuera del Cereso de Colima, Roberto Chapula de la Mora conversó con la joven esposa, quien cargaba a un niño de escasos meses de nacido. Le ofreció acompañamiento y le explicó la situación jurídica de su esposo, sin dejarle de ofrecer su respaldo y el apoyo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
Luego me pidió que lo acompañara a su camioneta y me obsequió una caja de cigarrillos, cuya marca desconocía y nunca más he vuelto a ver. Se los acepté con la condición de que se los regalaría a mi abuelo, Jorge Vázquez Chávez, quien era amigo de Roberto Chapula.
Se le va extrañar al licenciado Roberto, siempre disponible y con buena actitud para dar una entrevista o una declaración sobre los más variados temas, aprovechando su amplia experiencia política y jurídica. A sus familiares, amigos y seres queridos que lo conocieron, mi más sentido pésame.
DOS PUNTOS
Cuando no se reconocen los errores, difícilmente se pueden corregir. Si no se reconoce que se está de mal en peor, entonces la situación va a seguir en esa dinámica. Si no hay un poco de autocrítica, luego las cosas siguen igual y no se puede mejorar. No hay que politizar el tema de seguridad, pero sí cuestionarnos si no es hora ya de rectificar, de hacer cambios o nuevos planteamientos en la estrategia de seguridad.
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